Ellos no las atraparán. Nunca. Permanecer juntas es su destino. En un mundo de ovillos de lana, caricias, saltos extraños, juegos, y besos. Siempre unidas ante todo. Aburrimiento, diversión y retos. No querían ser extremistas, pero consiguieron un cariño mutuo muy importante, en tan poco tiempo. Disfrutaban cada momento juntas, como si fuera el último, conociéndose cada vez mas. El dulce ronroneo de una era el placer de la otra. Ella descubrió que era una de las pequeñeces de la vida que la hacía feliz.
Así sucedió como una amistad basada en una jerarquía natural movió el mundo de Sara. Lo intercambió todo de lugar, ocupó espacios que antes estaban vacíos, gastó tiempo que nunca pudo utilizarse. El dulce roze de una tierna fidelidad.
De pasar a tener todas esas sensaciones en un momento crítico como el de ella, a perderlas tal cual como vinieron. Fue un patrón importante.
Rápidamente su mundo color pastel fue oscureciéndose de manera brusca. Sus ojos perdieron ese brillo que había adquirido ante la llegada de su compañera y su estado mental volvió a agravarse.
Los dolores retornaron, las úlceras también. El triste soplido de la soledad se abalanzó sobre ella como un huracán. De nuevo todas esas emociones regresaban a apoderarse de su persona.
No sabía si iba a soportar todo eso una tercera vez. Porque ahora era peor. La ausencia de su amiga quemaba su alma como nunca. Detestaba tener esa sensación dentro de su cuerpo. Pero así era.
La realidad la lastimaba. No entendía cómo podía haber muerto de un día para otro. Sabía que culpa de ella no era. Todo su cariño, empeño y responsabilidad había puesto sobre su fiel acompañante. Pero al parecer no era suficiente.
Las heridas volvieron a abrirse, literal y metafóricamente. Dolor, pena, dolor. Sufrimiento sobre todas las cosas. Amor acabado por una ley estúpida de la vida. Y locura dominada por la desesperación.
Las inyecciones se hacían cada vez mas frecuentes, había olvidado lo terribles que eran. Las pastillas abundaban en su botiquín de manera intensiva. Odiaba recordarla. En realidad no detestaba eso, sino saber que sufrió y que ella también lo haría. Sería como su castigo eterno.
Todo por encariñarse, y por dejarse llevar por la locura.
Así es como empezó. Loca. Continuó como una persona normal debido a su mascota. Y fulminó con una demencia mayor a la anterior. Pero todo terminaría en la hora de su muerte. Ahora le tocaba a Sara.
Pudo conseguir un cuchillo de filo respetable y "ánimos" para poder seguir el camino de la causante de su sufrimiento. Los efectos secundarios, las convulsiones, de las inyecciones comenzaron a surgir efecto. No podía controlarse, sabía que era su momento final. No quería morir así. Como había nacido. Quería fallecer de manera "normal" como las personas comunes. Pero no podía. Su naturaleza se lo impedía. Eso la debastó aún mas.
Así es como sigue en pie. Con la cabeza gacha, por no ser "normal". Y por no poder tener una vida digna, y ni siquiera una muerte respetable.
Sasha Ela T.



