jueves, 24 de febrero de 2011

Ellos no las atraparán.



Ellos no las atraparán. Nunca. Permanecer juntas es su destino. En un mundo de ovillos de lana, caricias, saltos extraños, juegos, y besos. Siempre unidas ante todo. Aburrimiento, diversión y retos. No querían ser extremistas, pero consiguieron un cariño mutuo muy importante, en tan poco tiempo. Disfrutaban cada momento juntas, como si fuera el último, conociéndose cada vez mas. El dulce ronroneo de una era el placer de la otra. Ella descubrió que era una de las pequeñeces de la vida que la hacía feliz.  
Así sucedió como una amistad basada en una jerarquía natural movió el mundo de Sara. Lo intercambió todo de lugar, ocupó espacios que antes estaban vacíos, gastó tiempo que nunca pudo utilizarse. El dulce roze de una tierna fidelidad.
De pasar a tener todas esas sensaciones en un momento crítico como el de ella, a perderlas tal cual como vinieron. Fue un patrón importante.
Rápidamente su mundo color pastel fue oscureciéndose de manera brusca. Sus ojos perdieron ese brillo que había adquirido ante la llegada de su compañera y su estado mental volvió a agravarse.
Los dolores retornaron, las úlceras también. El triste soplido de la soledad se abalanzó sobre ella como un huracán. De nuevo todas esas emociones regresaban a apoderarse de su persona.
No sabía si iba a soportar todo eso una tercera vez. Porque ahora era peor. La ausencia de su amiga quemaba su alma como nunca. Detestaba tener esa sensación dentro de su cuerpo. Pero así era.
La realidad la lastimaba. No entendía cómo podía haber muerto de un día para otro. Sabía que culpa de ella no era. Todo su cariño, empeño y responsabilidad había puesto sobre su fiel acompañante. Pero al parecer no era suficiente.
Las heridas volvieron a abrirse, literal y metafóricamente. Dolor, pena, dolor. Sufrimiento sobre todas las cosas. Amor acabado por una ley estúpida de la vida. Y locura dominada por la desesperación.
Las inyecciones se hacían cada vez mas frecuentes, había olvidado lo terribles que eran. Las pastillas abundaban en su botiquín de manera intensiva. Odiaba recordarla. En realidad no detestaba eso, sino saber que sufrió y que ella también lo haría. Sería como su castigo eterno.
Todo por encariñarse, y por dejarse llevar por la locura.
Así es como empezó. Loca. Continuó como una persona normal debido a su mascota. Y fulminó con una demencia mayor a la anterior. Pero todo terminaría en la hora de su muerte. Ahora le tocaba a Sara.
Pudo conseguir un cuchillo de filo respetable y "ánimos" para poder seguir el camino de la causante de su sufrimiento. Los efectos secundarios, las convulsiones, de las inyecciones comenzaron a surgir efecto. No podía controlarse, sabía que era su momento final. No quería morir así. Como había nacido. Quería fallecer de manera "normal" como las personas comunes. Pero no podía. Su naturaleza se lo impedía. Eso la debastó aún mas.
Así es como sigue en pie. Con la cabeza gacha, por no ser "normal". Y por no poder tener una vida digna, y ni siquiera una muerte respetable.

Sasha Ela T.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Cuerda.



Ella falleció de amor. Murió de ternura hacia su cónyugue. Sufrió penurias de afecto.
Nadie la comprendía. Nadie.
Porque todos pensaban que estaba loca. Y sí. Era así. Pero no, la dejaron al margen de la sociedad por su ideología.
Quién sabe, a muchos nos puede pasar. La locura a veces no lleva a cierto punto que nos induce a creer en teorías que, en nuestro estado normal, eran patéticas.
Patético. Palabra que puede sonarnos a un Pato con un tic en forma de O. A saber: movimientos de abierto y cerrado del pico con la silueta de la letra nombrada anteriormente y/o círculos continuos con las patas.
Grandes definiciones escritas por pequeñas mentes. Una idea bastante interesante.
No podría vivir sin él. Bueno si podría... Pero no querría. Así que lo asesiné. Arranqué su corazón como él lo hizo conmigo. Guardé su nariz como cuando él lo hacía en juego, pero no se la devolvi. Destrozé sus ilusiones de respirar de nuevo como él lo hizo con las mías de volver a amar. Tarareé la cancion funebre de su despedida como el tarareó nuestra cancion de amor. ¿Por qué cometi tal crimen? Porque entré en pánico y la desesperación me llevo a tal acción.
"Cuatro niñas saltan fuera.
 Cuatro niñas blancas.
 Cuatro niñas con tijeras
 Cuatro niñas contentas y sádicas."

Sasha Ela T.

lunes, 7 de febrero de 2011

Soledad.



"Siendo sincera la soledad no me agobia. Y lo digo en todo sentido. No se me hace dificil sobrevivir sin alguna persona a mi lado. Dicen que la sociedad es el conjunto de gente que comparte costumbres, tradiciones y se necesitan una de otras para sobrevivir. Ese no es mi caso. Yo soy feliz en mi pequeño pero acogedor mundo; rodeado por literatura que representa diferentes vidas. No necesito de nadie."
Pasaban los minutos y yo seguía feliz en mi refugio, lejos de todo lo que me hacia mal. Alejada del dolor. Era casi imposible lograr que mi persona sea mas feliz que en ese momento. Un respiro, aire nuevo, oxígeno renovado, futuro asegurado.
Pasaban las horas y mi simpatia por la sociedad seguia disminuyendo, pero se apaciguaba con mi nuevo estilo de vida. Disfrutaba ver como de a poco desaparecía mi desprecio hacia la comunidad humana. Mi nuevo pensamiento daba lugar a ese centello que iluminaba mis momentos de oscuridad, que borraba aquellos recuerdos de maltratos quienes agobiaban mi carcomida mente.
Pasaban los dias y notaba el cambio que toda mi vida habia deseado. El alivio. Fue lo mejor que me había pasado. Nunca tuve la oportunidad de apreciar esa sensacion, hasta ese momento glorioso. Recuerdo que festeje de manera simple. Tirada en el suelo riendome de la existencia como ella habia echo conmigo desde que llegue al mundo.
Pasaban las semanas y empezaba a tornarse algo rutinario. No puedo negar que era algo bueno, pero no sentia lo mismo. Quizas que se haya vuelto algo comun hacia que no me llamara tanto la atención. Pero me gustaba. Sí, me gustaba.
Pasaban los meses y ya empezaba a inquietarme. La pregunta insistente en mi cabeza no paraba de cuestionar: ¿Aislarme de la humanidad fue la mejor decision?
Quien sabe. No me gustaba la situacion en la que me encontraba. Para nada. No era la mejor, y empecé a buscar respuestas.
Pasaban los años y mi desesperacion era insoportable. No podía, no podia entender por qué se me hacia tan dificil disfrutar de algo que, hace bastante tiempo me hacia inmensamente feliz. Habia cambiado. La literatura no me ayudaba, termine quemando mis libros en un fogón echo en mi cocina. Fue un ritual espectacular. Lo determine: "El comienzo de mi nueva era".
Pasaban las decadas y ya no quedaba nada sano de mi. Salvo mi ideologia y arrepentimiento acerca de ella. Separarme de la manada fue lo que arruino mi estadia en la Tierra. Descubri que no la odiaba a ella, sino que aborrecia mi forma de enfrentar los problemas sociales. Oculte mi verdad en una mentira gracias a mi inconciente pero presente orgullo, provocando nada mas ni nada menos que la ruina de mi existencia. Destinando mi futuro a la sucia, triste, oscura y solitaria carcel eterna. La muerte.
"Siendo sincera la soledad realmente me agobia. Y lo digo en todo sentido. Se me hace dificil sobrevivir sin alguna persona a mi lado. Dicen que la sociedad es el conjunto de gente que comparte costumbres, tradiciones y se necesitan una de otras para sobrevivir. Ese veridicamente es mi caso. Yo soy feliz en mi pequeño pero acogedor mundo; rodeado por literatura que representa diferentes vidas. Pero necesito de alguien."

Sasha Ela T.

viernes, 4 de febrero de 2011

Duda.



-Buenas tardes-
-Buenos días-
-Disculpe mi atrevimiento ante su saludo, pero lo correcto sería decir: "Buenas Tardes"-
-Y dígame, con todo el protocolo. ¿Quién lo determina?-
-Pues la subjetividad-
-Ah, claro, y ¿quién determina la subjetividad?
-El universo, claro está-
-Ajá, bueno puedo decirle que no existe-
-¿El universo?-
-No-
-¿Yo?-
-¿Cómo?-
-Le estoy preguntando que si yo no existo-
-Bueno, en este preciso momento ud está hablando conmigo, así que puedo afirmar que sí. Sí existe-
-¿Está seguro?-
-Por supuesto-
-Está usted siendo subjetivo-
-Pues yo creo que no, la objetividad redondea la conversación en este preciso momento, además me estaría contradiciendo-
-Yo creo que esta errando en su teoria-
-Hombre, le estoy explicando un simple saludo y usted me sale con su existencia-
-Pues yo le estoy explicando mi simple existencia y usted sale con su dispensable saludo-
Y el fantasma desapareció dejando al dialogante con la duda del saludo y su existencia.

Sasha Ela T.